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HIJOS ANTE LAS SEPARACIONES

El número de separaciones en nuestro país ha aumentado exponencialmente a lo largo de los últimos años. Ello supone que algunas familias han sufrido cambios en su estructura básica con la pérdida de alguna de sus figuras y la incorporación de otras.

La ruptura de los lazos afectivos es siempre dolorosa y se vive con cierta angustia por parte de la pareja que ha compartido su vida y que ahora ve roto el proyecto común. Pese a ello, las principales víctimas de todo proceso de separación son los hijos.

¿Cómo afecta la separación a nuestros hijos?

No resulta sencillo determinar unas consideraciones generales. Hay demasiadas variables que pueden determinar la forma con que cada niño expresa su malestar ante la ruptura de sus padres. Algunos padres pueden pensar que es lo mejor para sus hijos dado que el ambiente en casa era muy malo. Otros afirmarán imprudentemente que a sus hijos no parece haberles afectado dado que no suelen hablar del tema. Sea como fuere, la realidad es que siempre hay consecuencias, sea en el presente o en el futuro.

¿Cómo afrontar el problema?

  • No es posible plantear unas orientaciones generales que nos sirvan para todas las familias, todos los procesos de separación y que obedezcan a las diferentes realidades de cada pareja e hijos. Cada caso requerirá la aplicación de unas u otras estrategias en función de todas las variables existentes. No obstante, intentaremos aportar algunos de los puntos básicos que deberemos tener en cuenta para minimizar el sufrimiento de nuestros hijos.
  • ·         Desde el mismo momento de la separación deberemos hablar con nuestros hijos. Explicar (adecuándolo a su edad) la decisión tomada y que, en todo caso, ellos van a seguir disponiendo incondicionalmente de sus padres. Que es mucho lo que les une y seguirá uniendo.
  • ·         Mensaje claro de que siguen siendo lo más importante para nosotros aunque sus padres ya no vivan juntos.
  • ·         Le diremos que no tiene la culpa de la separación, que ha sido nuestra decisión y que él no tiene nada que ver. Aunque para los padres esto sea obvio, el niño puede culparse porque necesita conservar su imagen intacta, y por lo tanto, el único que puede haber fallado piensa que es él.
  • ·         Evitar excesivos detalles de las causas de la misma. Se puede explicar que ahora sus papas son más felices viviendo en casas separadas y recordarle que hay muchas personas que les quieren mucho ( abuelos , tíos , padrinos …) que viven en otras casas.
  • ·         Introducir los menos cambios posibles (casa , colegio , visita a los abuelos el fin de semana, extraescolares) al menos al principio. Los niños tienen que sentir seguridad y las rutinas se la aportan.
  • ·         Independientemente de nuestras diferencias personales, hemos de ser capaces de consensuar un proyecto educativo común. Los niños deben percibir complicidad y compromiso incondicional de sus progenitores hacia ellos aunque ya no vivan juntos. Una forma de hacerlo es mantener unos espacios comunes en los momentos de transición de un hogar al otro. Por ejemplo, es habitual que la madre deje al niño por la mañana en la escuela y por la tarde lo recoja el padre. En la medida de lo posible se aconseja que durante la transición de hogar ambos padres dediquen un espacio común (aunque sea corto) para intercambiar información del niño y transmitir la sensación de complicidad e interés por su futuro. Esto puede hacerse mediante una breve merienda o encuentro en algún parque.
  • ·         Mostrar siempre respeto hacia el otro progenitor delante de los niños. Debemos entender que, aunque ya no sea nuestra pareja, siempre será su padre/ madre y que, por respeto y amor a nuestro hijo, debemos demostrar respeto.
  • ·         Nunca utilizar a nuestro hijo de espía del otro.
  • ·         Por último seguir educando a nuestro hijo con las mismas pautas y acuerdos que se seguían antes de la separación. No por verles menos tiempo hemos de consentirle cosas que antes no hacíamos. Así evitaremos que los niños pueden aprovecharse de esta situación para chantajearnos emocionalmente.

 

La separación produce al igual que otras pérdidas en la vida un proceso de duelo. El período de duración dependerá de cómo se ha afrontado por parte de los diferentes agentes y de la edad del niño. Normalmente antes de un año los niños suelen haberse adaptado a su nueva situación y no deberían presentar problemas significativos al respecto.

 

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