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ALGO MÁS QUE UNA SIMPLE PALMADITA

Nuestros hijos son capaces de cosas maravillosas. Realizan actos de valentía, amabilidad, honestidad y respeto a diario, pero la mayoría de las veces dichos actos quedan recompensados con un simple y escueto “Gracias”, “¡guau, lo hiciste!”, o “eres genial”. Los actos positivos y buenos merecen algo más que una simple palmadita en la espalda y sobre todo deberían merecer muchísima más atención que los comportamientos negativos. 

Llegando a extremos cada vez más radicales ¿quién no ha visto , oído , o hecho alguna vez lo siguiente?: un niño llega a casa con sus notas súper orgulloso porque ha sacado 14 Sobresalientes y un Bien. Al enseñar sus notas en casa, ¿qué es lo primero que sale de la boca por parte de su madre o de su padre?: “Y...¿este Bien? , ¿qué ha pasado aquí? “. Ese pequeño aspecto negativo (por llamarlo de alguna manera, ya que un Bien en absoluto es un mal resultado) ha anulado los ¡¡14!! Sobresalientes que tanto esfuerzo le ha costado sacar. Un 6, de repente, pesa más que 14 dieces.

La muestra de estos actos buenos a los que nos referíamos al comenzar este artículo nos presentan oportunidades de reconocer comportamientos positivos y elogiarlos con un lenguaje específico, ayudando así al desarrollo positivo de la personalidad de los más pequeños. El concepto de correlacionar acciones específicas con lecciones especificas define un acercamiento que se puede implementar para desarrollar una buena personalidad en nuestros hijos, usando tanto el reconocimiento de dichas acciones como la afirmación y el halago. Este es un abordaje donde la identificación de buenos comportamientos va mas allá de un simple “¡eres genial!”.

 

Reconocimiento

Cuántas veces habremos visto un niño ayudando a levantarse a otro que se ha caído, o recogiendo una chaqueta del suelo que no es la suya, para colocarla posteriormente en su sitio; o bien nos ha traido una flor desde su casa específicamente para nosotros.

Hay cantidad de ejemplos de amabilidad, respeto u honestidad como los antes mencionados que nuestros hijos nos regalan cada día. Y lo más probable es que simplemente habremos revuelto un poco el pelo de sus cabecitas y soltado un “qué rico” o “genial”. Pero ¿cuántas veces nos hemos parado a definir una acción específica? ¿Habéis dicho alguna vez: “Eso que has hecho ha sido muy respetuoso” o “has actuado de una manera muy honesta, cuando me has dado esa moneda que has encontrado en el suelo, porque no era tuya en lugar de quedártela”. Cuando se define una acción de manera específica, el reconocimiento de dicha acción supera a un simple cumplido, y se convierte en una poderosa y eficaz herramienta para reforzar y fomentar ese comportamiento positivo

 

Afirmación

Todos los niños quieren y necesitan aprobación, así como sentirse aceptados. Cuando los profesores y padres reconocen rasgos positivos de personalidad en el comportamiento de niños pequeños, pueden ratificar la bondad de los comportamientos de tal forma que provocará en esos niños el interiorizar dichos rasgos positivos en su personalidad. La reafirmación tiene un peso importante en el buen comportamiento y muestra a los niños los tipos de conducta que son reconocidos tanto en la clase como en casa. Cuando un pequeño ha sido reafirmado por un comportamiento o acción específica, se le motiva e inspira para repetir dicho comportamiento.

¿Cuántas veces hemos viso a niños que han hecho algún acto de honestidad? Tenemos la oportunidad de hacer mucho más que decir “¡bien hecho!”. Tenemos la oportunidad de decir “bien hecho porque has actuado de forma honesta “. La especificación de la acción enseña al niño que esos rasgos de personalidad están en él, y esto es debido a que son recocidos por nuestra parte.

¿Puede tu reafirmamiento de un acto de respeto crear autoestima y respeto por lo demás? La respuesta es sí. ¿Puedes decirle a un niño que venir a clase preparado para el día de trabajo, con todo lo necesario, es una señal de responsabilidad? Sí. ¿Puedes reafirmar a un niño por su acto de amabilidad cuando este abre la puerta para los demás? Sí. No lleva mucho tiempo el clarificar por qué una determinada acción fue considerada importante, si realmente es merecedora de reconocimiento.

 

Elogio

¿A qué niño no le gusta y necesita el elogio? ¿Qué niño (o adulto) no quiere ser reconocido por sus acciones y alabado por los demás? El elogio refuerza el trabajo bien hecho, inspira a repetir dicho comportamiento, reafirma lo bueno aprendido y ayuda a forjar la personalidad.

Los niños parecen reclamar nuestra atención cuando hacen algo mal. Las llamadas de atención son una pérdida de tiempo, mientras el elogio, por el contrario, es merecedor de nuestro tiempo, ya que los comportamientos son repetidos cuando acaparan nuestra atención. Si la atención en forma de halagos es compartida por profesores, padres y niños, los comportamientos positivos serán más fácilmente repetidos, no solo por los receptores de los elogios, sino por aquellos que disfrutan de la felicidad producida por los mismos.

El elogio pude venir de muchas formas: palabras amables, expresiones de amor, apretones de mano, o palmaditas en la espalda, lo que en absoluto es negativo. Pero en esta sociedad tan rápida en la que vivimos, el desarrollo de la personalidad estará más influenciado por un elogio específico y definido, de tal forma que incluso los más pequeños sabrán que un determinado comportamiento conlleva una respuesta positiva y una atención positiva. Ya no es suficiente decir: “¡eres genial!”

 

Conclusión

Los niños que se respetan tanto a sí mismos y como a los demás niños, que tienen empatía con sus iguales, que son buenos ciudadanos, que son responsables y de confianza son la recompensa de TUS esfuerzos, y son los futuros ciudadanos de una sociedad construida en la integridad.

Para implementar el reconocimiento, reafirmación y elogio en la clase o en casa, desarrolla una lista de los rasgos positivos que aprecias en los niños. Reconoce estos rasgos en el día a día. Reafirma el desarrollo del carácter positivo con acciones específicas y palabras que identifiquen el comportamiento y resalten la acción. Y finalmente satura con cantidad de elogios a los niños. Diles qué los hacen especiales. Y lo más importante: sé más específico que con un simple: “¡eres genial!”.

ALEJANDRO DEL SOLO

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